¿Mi editorial me estafa?

Las editoriales falsas son una triste realidad. Siempre hay caraduras deseosos de aprovecharse de los autores noveles y, entre el desconocimiento del sector editorial y la ilusión de publicar por primera vez, puedes acabar cayendo en su redes. Sin embargo, si sabes unos cuantos trucos, es fácil destapar a estas editoriales falsas.

Aquí va un guía para detectar editoriales estafa.


QUÉ ES UNA EDITORIAL

Una editorial es una empresa que publica libros. Como autor, tú le cedes los derechos de explotación de tu texto, es decir, le das el derecho, valga la redundancia, de que se lucre con su publicación. Pero, como dijo Rajoy, «una cosa es ser solidario y otra es ser solidario a cambio de nada»: si les cedes ese derecho es porque la editorial te algo a cambio. Además de otras funciones (corrección, promoción, etc.), aquí lo que nos importa es que la editorial asume todos los gastos de publicación y, por lo tanto, todos los gastos: corrección, diseño, maquetación, impresión, distribución…

Esto nos lleva a la regla de oro para detectar una estafa editorial:

Si publica con una editorial, el autor NUNCA tiene que pagar

Hay algunas «editoriales» que ofrecen al autor poner su libro en el mercado… a cambio de un módico precio. Básicamente, sirven de intermediarias entre el escritor y todos esos otros agentes necesarios para que tu libro esté en librerías; agentes a los que Perico Fernández, profesor de química a jornada completa y escritor de ciencia ficción cuando puede, a lo mejor no tiene ni idea de cómo acceder. Estas empresas gestionan el trato con correctores, imprentas o distribuidoras, pero no lo pagan: es el autor quien lo hace. Y por eso, repetid conmigo: eso no es una editorial.

A estas empresas se las conoce como empresas de coedición. Deberían anunciarse como tal y lucrarse en relación al trabajo que hacen y al riesgo que asumen, que es cero, diría yo, al contrario de lo que sucede con una editorial tradicional.

Es precisamente ese riesgo económico el que explica por qué el editor se lleva gran parte de los beneficios de la venta del libro: porque es un negocio y, para empezar, tiene que cubrir los gastos de publicación ya mencionados. Vamos, que no es tan sencillo como que el autor se lleva el 10% de los beneficios y el editor el 90% restante. Pero del reparto de royalties ya hablaremos otro día, si queréis. Que si no me enrollo y pasa lo que pasa: que me salen notas de audio de ocho minutos y artículos de blog de 3.000 palabras. Y libros de 700 páginas.

Bueno, 694, para ser exactos

A veces las empresas de coedición se presentan como tales, y si el autor es plenamente consciente de lo que tiene delante, no hay ningún problema. Lo malo es cuando cree que ese es el proceder estándar, es decir, que es normal que le hagan pagar por publicar su obra. Pero muchas veces se camuflan de editoriales «tradicionales» y, lo que es peor, esconden el hecho de que te va a tocar pagar. ¿Cómo? Pues con esta inteligente táctica:


VENTA MÍNIMA

«¡Nos ha encantado tu novela! Estaremos encantados de publicarla. Te va a quedar ideal con nosotros. Estarás en todas las librerías. Tu madre se va a sentir tan orgullosa de ti… Nosotros nos encargamos de todo. No tienes que pagar, como con esas editoriales falsas que hay por ahí. Únicamente tienes que vender los primeros 100 ejemplares».

… y si no, les pagas.

Esta es una táctica muy común en las editoriales estafa. En lugar de pedirte dinero directamente y disparar todas tus alarmas, lo camuflan de «venta mínima»: no tienes que pagarles… a no ser que no vendas un mínimo de ejemplares. 50, 100, 500, lo que les convenga para cubrir el gasto de impresión. Vamos, que nuevamente es el autor el que arriesga su dinero y, si no vende lo suficiente, es él quien se come con patatas el gasto de los libros restantes.

Recordad:

Si publica con una editorial, el autor NUNCA tiene que pagar

Si una editorial os pide venta mínima de ejemplares, no es una editorial, es una empresa de coedición, y encima encubierta. En resumen: huid.

«Somos una editorial seria, te lo prometo»

COEDICIÓN E IMPRENTA

Como he dicho antes, a veces las empresas de coedición se presentan como tales y, en principio, no debería haber ningún problema. Sin embargo, tirando del hilo mientras escribía este artículo, me llegó el siguiente testimonio de alguien que trabajó con una de esas editoriales. Y no le fue muy bien:

«En principio no tenían pretensiones y no te vendían la moto. Bien, pues yo les pasé el documento para que lo maquetaran y me hicieron una auténtica chapuza. Todo descuadrado, cambiaron la tipografía, movieron las fotos del sitio... Terrible. Mas o menos lo logré apañar. Les pedí un libro de muestra y lo hicieron, PERO, en formato "anilla", no el que sería el definitivo (tapa blanda, encolado). Me pareció un poco raro, pero bueno. El caso es que los libros se imprimieron y a las semanas... ¡Empezaron a despegarse las páginas! Estaba fatal encolado, llegado al punto que algunas de las páginas se rasgaban en el "núcleo". Abarataron costes, fijísimo. Se desentendieron del problema y aún sigo peleado con ellos para que me devuelvan el dinero (o parte)».

Si no tenéis referencias de la empresa con la que trabajais, o incluso si las tenéis, pedid pruebas de impresión. Siempre.


EL CONTRATO

Cuando une editorial quiere publicar tu libro, siempre, siempre tiene que haber contrato de por medio. Que no te digan las condiciones de inmediato o que dicho contrato se retrase eternamente es la primera señal de que estás tratando con una editorial falsa o, como mínimo, nada seria. Y ninguna de las dos cosas te conviene.

Los contratos editoriales no pueden ser de cualquiera manera. La Ley de Propiedad Intelectual estipula que en todo contrato de edición debe constar como mínimo:

1.º Si la cesión del autor al editor tiene carácter de exclusiva.

Es decir, si otros pueden lucrarse con la publicación de ese mismo texto, de la forma que sea, o no.

2.º Su ámbito territorial.

¿Dónde puede publicar/vender el libro la editorial? En España, en España y Latinoamérica, en todo el mundo…

3.º El número máximo y mínimo de ejemplares que alcanzará la edición o cada una de las que se convengan.

Esto es la tirada: el número de ejemplares que se pondrán a la venta.

4.º La forma de distribución de los ejemplares y los que se reserven al autor, a la crítica y a la promoción de la obra.

Cuando publicas, lo normal es que te «regalen» lo que se llama ejemplares justificativos: los típicos que expones con orgullo en tu estantería o regalas a tu abuela o a tu mejor amiga. También se reservan algunos para enviar gratuitamente a periodistas, influencers, etc. con el objetivo de promocionar la novela en los medios de comunicación o en redes sociales. Pero la editorial no puede regalar todos los libros que quiera: el contrato estipula cuántos. Normalmente no aparece un número concreto, sino un porcentaje respecto a la tirada total, el 5%, el 15%…

Ojo con esto. Cuanto te lleguen las liquidaciones, la editorial debe esclarecer cuántos ejemplares ha destinado a la promoción (porque son ejemplares por lo que tú no cobras, claro). Este número nunca puede ser mayor a lo estipulado por contrato, aunque a veces te la intenten colar.

5.º La remuneración del autor, establecida conforme a lo dispuesto en el artículo 46 de esta Ley.

Es decir, los royalties o porcentaje de beneficios que se lleva por cada libro vendido. En España, lo normal es que el autor se lleve unos royalties de entre el 8% y el 10%.

6.º El plazo para la puesta en circulación de los ejemplares de la única o primera edición, que no podrá exceder de dos años contados desde que el autor entregue al editor la obra en condiciones adecuadas para realizar la reproducción de la misma.

Vamos, que si tu texto está corregido y listo para imprimir, pero pasados dos años el editor no lo ha publicado, recuperas los derechos.

7.º El plazo en que el autor deberá entregar el original de su obra al editor.

La temida fecha de entrega.


Si tu editorial te entrega un contrato al que le faltan estas condiciones...

Que falten la 6ª y la 7ª (plazo de puesta en circulación y fecha de entrega) se considera que el contrato es «subsanable». Pero si la faltan la 3ª o la 5ª (tirada y remuneración), ya pueden estar frotándose las manos por haberte engañado, porque se darán con un canto en los dientes: sin esas condiciones, el contrato editorial se considera nulo. Pero, en fin, mejor darte cuenta de antemano y no firmar nada turbio. Ya lo decían Ana Guerra y Aitana: pa' fuera lo malo.


SEÑALES DE ALERTA

Hasta aquí hemos cubierto lo que una empresa que se llame a sí misma «editorial» no puede hacer POR LEY. Pero legalidad e integridad no son lo mismo. A continuación, os dejo una lista de señales sospechosas que indican que tu editorial intenta aprovecharse de ti.


Carta blanca

«Hemos leído tu relato / biografía de Twitter / redacción de Conocimiento del Medio de 5º de primaria. Nos encanta tu voz. ¿Tienes una novela? ¡Envíanosla! Te la publicamos».

Esto es lo que le pasa a Valeria en la serie de Netflix: gana un concurso de relato corto y el premio es publicarle una novela. Y pasa de ser thriller a novela erótica, y no hay problema. Porque Valeria tiene talento y por eso la quiere la editorial. Pero la realidad es bastante diferente. Y tiene todo el sentido del mundo. Para empezar, que sepas escribir buenos relatos no significa que sepas escribir buenas novelas, y viceversa. Y, además, cada sello tiene su línea editorial; firmando a ciegas por una obra podrían ser una editorial de álbum ilustrado infantil que acaba contractualmente obligada a publicar, yo qué sé, dinoporno.


¿Gracias?, Gabriela Campbell, por descubrirme esto

Volviendo al ejemplo de Valeria, subí un vídeo al canal en el que explicaba por qué el mundo eidtorial no es como refleja la serie, empezando por eso de que una editorial te dé carta blanca para publicar lo que sea que quieras entregarles.



Un conocido mío lo vio y me dijo: «¡Ostras, pero si es justo lo que me ha pasado a mí!». Y su editorial no parecía sospechosa. El contrato estaba en condiciones. Salvo que nunca le llegó la versión final firmada por ellos. Y de repente empezaron a pasar cosas raras, a ignorar sus emails y llamadas y a enfadarse cuando él comenzó a exigir algo más de seriedad. Al final se destaparon como lo que eran: unos aprovechados.


Derecho de opción preferente

A veces, las editoriales intentan colar una cláusula de «derecho de opción preferente». Básicamente, firmando eso les das derecho a que, cuando el plazo del contrato expire y tu recuperes los derechos, esa misma editorial pueda recomprarte los derechos ofreciéndote las mismas condiciones que en el contrato original.

Si esas condiciones eran buenas, no hay ningún problema. De hecho, es lógico que una obra se siga publicando en la misma editorial. Pero si, por lo que sea, consideras que tu texto estaría mejor en otra casa, y hay otra editorial que te ofrece condiciones mejores, deberías poder venderles los derechos (una vez que los hayas recuperado, claro). Sin embargo, el derecho de opcón preferente deja al margen cualquier oferta de terceros. Solo podrías «mudarte» de editorial si la editorial «antigua» ya no está interesada en renovar tu contrato.

Si acaso, lo suyo sería pactar un derecho de tanteo. El derecho de tanteo le ofrece a la editorial «antigua» la opción IGUALAR posibles ofertas de otras editoriales.


Adelanto

Lo único que un autor cobra por ser autor es el porcentaje de derechos de autor que genere la venta de su libro. La editorial no te paga por comprar tu libro ni por quedarse los derechos. Lo que sí te paga es un adelanto de los derechos, que es exactamente lo que su nombre indica: en lugar de cobrar lo que te toque de derechos de autor (cosa que sucede una vez al año), la editorial te adelanta parte de ese dinero y te lo paga a la entrega del manuscrito, o cuando este se publica.

Si tu editorial no te ofrece ningún adelanto, sospecha. Sospecha mucho.

«En lugar de adelanto, hemos plantado un árbol en Soria en tu nombre»

Royalties o derechos de autor

Es muy difícil establecer un adelanto «estándar», porque la cantidad dependerá del libro, de las expectativas de venta de la editorial que te lo contrata… No tienen nada que ver los adelantos de Planeta con los que pueda dar una editorial independiente en la que trabajan una o dos personas. Sin embargo, el porcentaje de royalties sí está generalizado. En España suele rondar entre el 8 y el 10% para libro físico y el 25% en ebook. Hay excepciones, claro: si el libro está ilustrado, ese 10% se reparte entre escritor e ilustrador; si es un proyecto de encargo o in house en el que la editorial ha creado el argumento y el autor solo («solo») tiene que transcribirlo, el porcentaje de derechos suele ser menor. Pero, excepciones aparte, si te ofrecen menos del estándar, probablemente están intentando jugar a «si cuela, cuela». Y estás en su derecho de exigir otra cosa y demostrar que no, que contigo no ha colado.


Dicho todo esto, quiero aclarar que la inmensa mayoría de las editoriales no son monstruos capitalistas que buscan estafar al autor. Son proyectos de personas que aman la literatura tanto como los escritores, y que, aunque como todos, tratan de arrimar el ascua a su sardina, eso no significa que vayan a intentar aprovecharse de nosotros. Simplemente hay que estar prevenido por si tenemos la mala suerte de que esa minoría sin escrúpulos se asome por nuestra bandeja de entrada.

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